El tiempo y los Conway- de J. B Priestley- Dir Mariano Dossena
“La era de la inocencia ha llegado a su fin”- Por Silvia Urite-Investigadora Teatral- Jurado de los Premios Teatro del Mundo

Link de la nota: http://silviauriteteatro.blogspot.com/2009/01/el-tiempo-y-los-conway-de-jb-priestley.html

J. B Priestley (1894- 1984). Su web oficial: http://www.jbpriestley.co.uk lo presenta como escritor, novelista, dramaturgo, ensayista, locutor, guionista, experto en temas sociales y hombre de letras.Al cumplirse el 25 ° aniversario de su muerte, el director Mariano Dossenna ha llevado a cabo la puesta de una obra de 1937, El tiempo y los Conway.El autor participó en la 1° Guerra Mundial, en el frente francés, algo que un personaje de Los Conway experimenta.
La obra se inicia durante el cumpleaños N° 21 de Kay, una de cuatro hijas de una familia de madre viuda, que cuenta también con dos hijos.Tiempo después vamos a asistir a una reunión que va a suceder en el cumpleaños N° 40 de Kay.
El primer cuadro resulta ingenuo, a comparación del segundo, donde reina el cinismo.
Existe un tercer cuadro que va a producir un flashback hacia la época del primero.La pieza representa el tiempo de las ilusiones perdidas, el cruel paso del tiempo que destruye los sueños.
Durante el primer acto Priestley nos presenta a los personajes: una madre autoritaria, reciente viuda, que quiere imponer su voluntad sobre sus descendientes.
Entre las hijas, la menor, Carol, “un ángel” que no ha llegado a los 16 años; Kay, la que sueña con ser novelista; Magde, una joven y ambiciosa maestra de primaria, y Hazel, la linda del pueblo, sufre el acoso de los oficiales que visitan el pueblo.
El cumpleaños se ve marcado por el regreso de Robin, el hijo que es la promesa de futuro de la familia, mientras, Alan, el tímido, espera en silencio y en la sombra.Tres personas que no son familiares visitan la casa: una amiga de las chicas, algo soñadora y tonta, un joven abogado y un empresario recién llegado al pueblo. Por supuesto, estos personajes van a entrecruzar sus vidas con la de los Conway.En el cumpleaños N° 40, varios de los hijos viajan desde lejos, ya no pertenecen a la casa familiar.
La reunión ya no es un festejo sino un encuentro para dirimir la herencia de los Conway, el tiempo y el dinero han opacado todo.De este modo, cambian las voces, los cuerpos de las actrices y de los actores. La que antes era deseada, ahora es ultrajada, la idealista se ha vuelto apática, la escritora redacta entrevistas de poco valor. De los hermanos ni hablar, el sueño no se ha cumplido.
La escenografía es simple: una ventana y unos pufs o un sillón, y un piano. La ambientación está cuidada hasta el más mínimo detalle, como por ejemplo las tazas de porcelana inglesa.
Se destacan las actuaciones de Alcira Serna (Magde), la maestra socialista; Mariela Rojzman (Kay), la escritora y Gabriel Kipen (Robin), el soldado recién llegado.
Al final del segundo cuadro, hay un diálogo emotivo entre Kay y Alan (Luis Gritti), que recitan a William Blake.El vestuario y maquillaje se adaptan a la época. Mientras en el primer cuadro asistimos al apogeo y caída de la Belle Epoque, en el segundo, se avecina otra nueva guerra mundial y su escasez.La pieza es realista, pero es interesante el retroceso hacia el pasado y su nueva conformación. Las actuaciones son parejas y cada rol es ocupado con su debido respeto hacia la letra de Priestley.

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