foto-6-espacio-escondido.jpgUN LUGAR DONDE VIVIR
El teatro como refugio de los que no pueden insertarse en la sociedad contemporánea.

Dos retablillos son los espacios donde una mujer y un hombre pasan sus vidas. Cuando abren cada uno su pequeño telón rojo, es el momento en que se comunican entre ellos y aprecian el mundo. Sus conversaciones remiten a un pasado glorioso de actuaciones y giras por el mundo o a su presente de desamparo y tristeza. A veces recuerdan que se aman y que se sostienen el uno a otro frente a un mundo hostil que no se atreven a enfrentar.
La obra de Paul Auster es una tierna mirada a estos seres desplazados por el veloz paso del tiempo y que no logran acomodarse a los que corren. Su vida es un continuo acto de vodevil, a veces con remates graciosos y en otros casos trágicos. Queda bien claro que estos seres no pueden encontrar su lugar en el mundo, se los ve demasiado vulnerables y no les queda más remedio que esconderse en esos teatrillos tan frágiles como ellos.
El director Mariano Dossena dosificó con muy buen criterio los distintos climas de la obra, contó para ellos con dos actores que salen airosos del desafío que resulta que sólo por sus caras pasen la alegría, la tristeza, la furia y el temor. Sus gestos en algunas escenas son mucho más potentes que las palabras.
Los retablillos están realizados, con mucho ingenio, con distintos trozos de maderas volviendo más patético el mundo de estos personajes.
El vestuario es excelente porque los viste a la usanza de ese tiempo lejano en donde ellos fueron alguna vez felices.
“Espacio escondido” es una obra llena de cariño por esas personas desfasadas y anacrónicas que la sociedad las condena al abandono.
Gabriel Peralta

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